En una industria acostumbrada a
la miniaturización, el último y más potente procesador de Intel resulta casi
cómico. El Xeon Platinum 9200 tiene el tamaño de un posavasos y un peso que
roza los 300 gramos. Hay una buena razón para ello y es que en su interior
esconde nada menos que 56 núcleos de procesamiento. Es una bestia capaz de
realizar 3,2 billones de operaciones por segundo.
Pero a diferencia de otros procesadores
de Intel no lo vamos a ver dentro del próximo portátil o PC sobremesa. Se trata
de un producto creado específicamente para servidores y grandes centros de
datos. La linea Xeon de Intel a menudo se utiliza también en ordenadores
orientados a público profesional pero suelen ser máquinas con propósitos muy
específicos, estaciones de trabajo para aplicaciones científicas o proyectos de
ingeniería.
Este 9200, por ejemplo, será uno
de los muchos cerebros del próximo superordenador del HLRN, la Alianza de
Supercomputación de Alemania del Norte, una organización creada para dar
infraestructura a varios centros educativos y científicos en el corazón de
Europa.
Su lanzamiento, acompañando a la
segunda generación de procesadores escalables Xeon -conocida con el nombre en
clave de Cascade Lake-, demuestra no obstante que incluso Intel, que hasta hace
poco casi podía considerarse como sinónimo de la informática personal, está ya
viviendo en una era postPC.
Esta línea Xeon busca reforzar en
realidad su posición en el mundo de los servidores y centros de datos para
protegerse de la caída en ventas de la informática tradicional. En el primer
trimestre de este año se vendieron en todo el mundo 58,5 millones de PC, una
cifra un 4,6% inferior a la del mismo periodo del año pasado, según la
consultora Gartner.
Intel, por tanto, empieza a
desviar la atención hacia mercados donde la renovación de equipos es más
predecible y donde las necesidades de computación están aumentando de forma
exponencial. "Estamos tratando de crear un catálogo de componentes que
permita mover y almacenar rápidamente una cantidad masiva de datos",
explica Lisa Spelman, vicepresidente de Intel y responsable de la línea Xeon.
Además de la segunda generación
de Xeon escalable, Intel ha lanzado también una gama de procesadores bautizada
como Xeon D pensada para centros de datos de pequeñas dimensiones y menor
consumo, situados por lo general más cerca de los usuarios finales y que en
infraestructura de red han pasado a conocerse como 'edge computing' o
computación 'en el límite'.
Estos servidores son en buena
parte responsables de la experiencia de uso final de muchas aplicaciones
cotidianas, como el consumo de vídeo bajo demanda, y es donde los avances de
los componentes se pueden notar más. "Cuando estás viendo un vídeo o una
emisión en directo por Internet y el vídeo se entrecorta o pierde resolución,
es una mala experiencia. Es en estos casos donde realmente ves la importancia
de tener mejores procesadores y memorias", según Spelman.
OPTANE
La memoria, de hecho, es otra de
las nuevas estrellas del catálogo de la compañía de Santa Clara, que ha
anunciado por primera vez módulos de memoria persistente basada en la
tecnología Optane.
A diferencia de la memoria RAM
convencional, estos módulos no pierden la información almacenada al apagar los
equipos o dejar de recibir corriente, lo cual puede ser una ventaja importante.
"Si piensas en un negocio que sufre un corte de potencia con un servidor
para CRM de tamaño medio, recuperar la funcionalidad del servidor y cargar de
nuevo los datos puede llevar horas" afirma Spelman.
Estas memorias son mucho más
rápidas que los discos SSD y que los discos duros convencionales, y también más
duraderas, lo que es especialmente beneficioso en arquitectura de servidores en
los que se reciben y procesan grandes cantidades de datos y hay que realizar
constantes operaciones de escritura y lectura. Cada uno de los DIMMs (módulos)
de Optane tendrá el mismo tamaño que los destinados a memoria RAM pero
ofrecerán hasta 512 GB de capacidad.
En algunas arquitecturas y para
ciertos procesadores esto quiere decir que se podrán configurar servidores con
hasta 36TB de memoria pero además permitirá ampliar el número de aplicaciones
porque la memoria RAM no puede competir en precio en esas capacidades y supone
la mayor parte del coste de un servidor. "La RAM no va a desparecer, pero
Optane tiene más sentido en ciertos tipos de servidores donde es necesaria una
gran capacidad de memoria que sería demasiado costosa o imposible de lograr
simplemente con RAM".
Estos módulos de memoria, eso sí,
sólo funcionan con la nueva generación de procesadores de la compañía, lo que
limita el mercado potencial. Las dimensiones físicas y conectores son en
cualquier caso similares a las de los DIMM de RAM y no será necesario rediseñar
placas base. Intel también ofrece Optane para consumidores domésticos como
complemento a discos de memoria sólida SSD, pero no son una opción popular
entre los fabricantes de ordenadores.
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