La semana pasada, empezamos un
especial dedicado al 4K. La próxima transformación del televisor está
comenzando a desembarcar y queremos que estéis preparados. Con información y con las mejores teles 4K que hay
ahora mismo.
Tras hacer una breve
presentación, es hora de hablar de dos temas importante. Por un lado, ¿cuál es
la gran diferencia entre una imagen 4K y una Full HD? por otro,
¿cómo se verán las series y películas que ya teníamos?
Muchas veces, hablamos de píxeles
para referirnos a una pantalla: 1980×1080 píxeles para el Full HD. Es
decir, casi 2000 líneas en vertical y poco más de 1000 en horizontal. Esto nos
deja unos cuantos millones de píxeles.
El Full HD está genial, pero lo
importante es la densidad de píxeles. O lo que es lo mismo: la
proporción de éstos por cada pulgada. No es lo mismo una
pantalla Full HD es un smartphone de cinco pulgadas que en una tele de 40 pulgadas
o más.
Dicho esto, ¿qué tiene que ver
esto con el 4K? Muy sencillo, que la principal diferencia entre el Full HD y el
4K lo veremos en la cantidad de información que veremos en cada pulgada. Veremos más detalles que
antes era imposible mostrar.
Siempre decimos que la resolución
del 4K es cuatro veces superior al Full HD. Es cierto, pero no implica
televisores más grandes sino, como decíamos, más información por cada pulgada.
Podemos ver en algunos esquemas cómo es la diferencia.
Sin embargo, es imposible
demostrar de forma realista en una imagen cuál es la diferencia. Podríamos
hacerlo, pero no haría justicia al resultado final porque, ahora mismo, estamos
leyendo esto a una resolución determinada.
Es por eso que, antes de ver un
televisor 4K, entendemos este concepto: la densidad de píxeles. Esta es la clave para entender
la principal diferencia y por qué nuestra tele de 40 pulgadas actual no se verá
como una del mismo tamaño pero con resolución 4K.
Una de las preguntas que más se
escuchan sobre los televisores 4k es: ¿qué ocurre con todos los DVD y Blu Ray
que ya tengo? Podremos seguir disfrutando de ellos, sin ningún problema.
Además, en la mayoría de los televisores podremos beneficiarnos de esta nueva tecnología.
Al ser un televisor con más
densidad tenemos dos opciones: verlo en Full HD como siempre o utilizando la tecnología
de reescalado que
incluye y se encarga de estirar la imagen para darle un aspecto de más
definición.
Decimos estirar, pero no se trata
de coger cada fotograma y, como si fuera masa, hacer que dé más de sí para que
ocupe más superficie. Se trata de algo más sofisticado y que demuestra que los
fabricantes se preocupan por este tipo de contenidos.
El reescalado se encarga de coger
cada imagen y aplicarle diferentes procesos para interpolar
la imagen (crear píxeles similares que no existen para hacerlo más grande) y
dar una sensación parecida a la resolución 4K. No es exactamente lo mismo, pero
funciona muy bien.
Algunos fabricantes sacan
mucho músculo en esta
tecnología de reescalado, como la Samsung F9000 de
este año. Resulta increíble ver cómo el chip que hay dentro del procesador
puede darle mucha calidad a una serie o una película con sólo unos cuantos
cálculos.
Por supuesto, el resto de
televisores 4K no se quedan atrás y las propuestas de LG,Sony, Panasonic y Philips también son dignas de mención. En la
variedad está el gusto y aunque es una tecnología pionera, tenemos mucho donde
elegir.
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