Colombia está ingresando en la
era - muy cuestionada - del reconocimiento facial en la videovigilancia de los
ciudadanos. El pasado jueves, durante las manifestaciones convocadas por
Fecode, la Secretaría de seguridad de Medellín estrenó los primeros drones
dotados con cámaras que identificaron a cada uno de los participantes en las
protestas pacíficas. El sueño tecnológico de los policías en todo el planeta es
vivir en una ciudad sembrada de cámaras con capacidad de reconocimiento facial,
la nueva quimera de un mundo más seguro; pero una cosa es combatir el crimen
callejero, y otra identificar manifestantes políticos.
La Corte Constitucional
prácticamente las pidió en su reciente fallo sobre foto multas. En Medellín y
Envigado están en funcionamiento plataformas de reconocimiento facial desde
hace cuatro años y ya algunos congresistas preparan proyectos de adopción de este
tipo de tecnologías. La video vigilancia masiva está por explotar en todo el
país.
San Francisco, la capital
mundial de las innovaciones, recién prohibió el reconocimiento facial, tal como
acaban de hacerlo Oakland, Portland, Sommerville, y otras ciudades. Alemania lo
prohibió para su policía y Francia lo prohibió en las instituciones educativas.
La Unión Europea discutió acaloradamente el tema y la semana pasada expidió un
documento en el que advierte a los países miembros sobre los riesgos que trae la
videovigilancia masiva. La razón del creciente rechazo es que causa más
problemas de los que soluciona, y los derechos humanos y la privacidad son las
primeras víctimas de las cámaras, antes que los infractores del tránsito y los
delincuentes.
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podrán usar su rostro para validar pagos
Aunque existe desde hace
cuarenta años, el reconocimiento facial está todavía en pañales. La Unión
Estadounidense de Libertades Civiles puso a prueba un sistema de reconocimiento
facial que confundió a 28 congresistas norteamericanos de raza negra con
criminales de las bases de datos del FBI. Y la Universidad de Essex hizo un
estudio sobre la precisión de las cámaras londinenses y encontró que son
"increíblemente inexactas", con ocho reconocimientos acertados en 42
intentos. Los fabricantes de estas tecnologías, por supuesto, publican
indicadores de precisión mucho más altos y es innegable que el reconocimiento
facial está en rápido perfeccionamiento, lo cual puede llegar a ser aterrador
cuando cae en manos de autoridades proclives a espiar ciudadanos, al abuso de
poder y a las chuzadas. Los defensores de los derechos humanos se oponen a esta
tecnología porque expande el temible estado de vigilancia y acerca como nunca
antes, la profecía orwelliana del gran hermano.
Bogotá realizó un fallido
intento hace algunos años, con la instalación de cámaras con reconocimiento
facial en estaciones de Transmilenio. Fue un fiasco que terminó con sanción de
la Personería distrital sobre el entonces subgerente técnico del Fondo de
Vigilancia y Seguridad, Ricardo Ramírez, quien instaló las cámaras y olvidó el
pequeño detalle de que se necesita una base de datos con fotos e información
ciudadana para cotejar lo que las cámaras captan. Bogotá invirtió más de 11.000
millones de pesos y esa platica se perdió.
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ingenieros necesita Colombia
A Medellín le fue mejor. Desde
2016 se instalaron 170 cámaras con software de reconocimiento facial de la
compañía NEC, en el estadio Atanasio Girardot. También en el metro, y ahora la
ciudad es vigilada por drones dotados con esta tecnología. La alcaldía está
satisfecha con los resultados.
El problema no reside en las
cámaras en general, sino en las que están conectadas a sistemas de
reconocimiento facial basados en Inteligencia Artificial, porque son usadas en
muchas ciudades para ampliar los sesgos de las autoridades contra minorías
étnicas o contra los derechos políticos de los ciudadanos. En Colombia los
datos biométricos están incluidos en la Ley de Protección de Datos y se
consideran sensibles, lo que significa que ninguna autoridad puede utilizarlos
por ahí a su antojo. Puede ser que a la mayoría de los colombianos les importe
muy poco esto, pero en otras latitudes el derecho a la privacidad hizo que
fueran retiradas de las calles numerosas plataformas de reconocimiento facial.
El debate comienza.
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