Colombia ha sido un equipo de
múltiples caras en el Preolímpico. Ha pasado por la angustia, por la euforia,
por ratos de muy mal fútbol y por ratos de inspiración. Y a veces, todo eso se
da en 90 minutos, como anoche, en el estadio Hernán Ramírez Villegas. El
triunfo 2-1 frente a Venezuela pone al equipo en una muy buena posición para
llegar al cuadrangular final del torneo.
No todos los partidos son
iguales y no todos los partidos se pueden jugar de la misma manera a no ser
que, primero, el equipo tenga un funcionamiento comprobado y trabajado o,
segundo, una individualidad que le resuelva los problemas.
Colombia, hasta ahora, no ha
podido demostrar lo primero, o al menos no durante un partido completo: al
comienzo, Venezuela le quitó la pelota y puso a trabajar de más a los volantes
de primera línea, Eduard Atuesta y Jaime Alvarado, que no tuvieron ni tiempo ni
espacio para sacar al equipo desde el fondo.
Con los venezolanos amasando
el balón a su gusto, Colombia, de la mitad de la cancha hacia adelante, se fue
casi inédito en el primer tiempo. La individualidad esta vez no apareció:
Edwuin Cetré iba a otra velocidad con respecto a sus compañeros, Jorge
Carrascal estaba perdido, Nicolás Benedetti volvió a ser el jugador perdido por
la banda derecha que jugó contra Argentina y a Ricardo Márquez no le llegó la
pelota.
Pasaron 37 minutos hasta que
la Selección por fin hizo levantar de sus sillas y gritar a los hinchas en
Pereira: primero, con un remate de Carrascal que atajó el portero Cristopher
Varela. Y poco después, Gabriel Fuentes estrelló una pelota en el horizontal
luego de hacer lo que pedía el partido: abrir la cancha y luego buscar o el
pase hacia el centro o la diagonal hacia adentro.

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